Evaluar para la vida: ¿Por qué seguimos pesando memorias en un mundo de posibilidades?
Se viene la época de exámenes y, como cada año, los salones de las escuelas se llenan de una tensión que casi se puede palpar. Por un lado, entiendo perfectamente la necesidad institucional de saber qué saben los estudiantes, qué les cuesta y qué definitivamente no aprendieron. Pero en esta dinámica de "rumiar" temas para escupirlos en un papel, se nos está perdiendo la esencia de lo que realmente importa: la persona.
¿Qué valoramos cuando evaluamos?
La RAE dice que evaluar es "determinar el valor de algo". Pero mi pregunta para vos hoy es: ¿Quién determina ese valor?. En un mundo tan diverso, donde somos 8,000 millones de personas, ¿por qué insistimos en que todos quepan en la misma caja y respondan de la misma forma?.
Cuando evaluamos esperando una única respuesta correcta, les robamos a los chicos la oportunidad de crear su propio criterio y de usar la información para construir algo nuevo.
El costo real de la presión
No estoy vendiendo humo: hay datos claros. La ciencia nos dice que bajo el estrés de los exámenes estandarizados, el cerebro entra en modo de supervivencia, bloqueando la capacidad de análisis profundo. No estamos evaluando inteligencia; estamos evaluando quién aguanta más presión. Además, el burnout de los profesores y la ansiedad de las familias nacen precisamente de este sistema rígido que no conecta con la realidad.
Una propuesta vanguardista: El Diario de Ana Frank y la IA
Yo creo en una educación donde los temas se discutan y se personalicen. Imaginá que, en lugar de un examen tradicional sobre el Diario de Ana Frank, usamos la Inteligencia Artificial como un puente. No para que los chicos automaticen un resumen, sino para que las maestras generen experiencias de investigación real.
Podemos usar la tecnología para conectar el encierro de Ana con los desafíos de aislamiento o salud mental que enfrentan los jóvenes hoy o con las formas de comunicación que se utilizan en la actualidad. Eso es usar la información para crear humanidad y ciudadanos críticos, no solo para llenar una hoja con fechas que olvidarán al día siguiente.
Tres pilares para un cambio real
Si queremos que el cambio en nuestras escuelas sea duradero y sencillo de implementar, sugiero empezar por aquí:
Claridad en el objetivo: ¿Evaluás rapidez o comprensión? No metas todo en la misma bolsa.
Análisis sobre memoria: Nos debería interesar más qué harán con ese conocimiento para su vida y cómo les ayuda a solucionar problemas actuales.
Adaptabilidad: La evaluación debe ajustarse a las fortalezas de los estudiantes, no ellos a nuestras estructuras rígidas.
El "Ripple Effect"
Sé que los cambios se dan lento y que no todos estarán de acuerdo a la primera. Pero nuestro objetivo en Nido Estudio es acompañar a las escuelas en este camino. Una buena conversación, un debate apasionado o un proyecto bien defendido valen mucho más que mil preguntas escritas.
La evaluación debe ser constante, continua y, sobre todo, un acto de respeto y amor al otro.En mi experiencia, lo que más disfrutan los estudiantes es, curiosamente, lo que más temen las instituciones hoy en día: el involucramiento activo de las familias. Existe una desconexión inevitable entre los adultos y los chicos cuando la escuela se cierra sobre sí misma, priorizando la burocracia sobre el respeto al ser humano y sus necesidades reales.
No es una opinión romántica; es un hecho documentado. Investigaciones de la Universidad Johns Hopkins y estudios en Iberoamérica confirman que un mayor involucramiento familiar se traduce en mejores notas, menor ausentismo y un comportamiento más equilibrado en el aula.
Como alguien que ha estado años dentro del salón , sé que el burnout docente es un problema grave. Sin embargo, cuando la maestra se siente apoyada por la familia, el sentimiento de soledad desaparece. La escuela se beneficia de tener aliados que promueven el proyecto educativo porque entienden lo que pasa en la cotidianidad.
Primeros pasos para la integración Para que este cambio sea duradero y sencillo, recomiendo:
Establecer instrucciones claras: Qué se espera de cada visita programada.
Limitar los grupos: Empezar con procesos de cambio pequeños donde las familias puedan ver y luego explicar el proceso a la comunidad.
Fortalecer la identidad institucional: Cada escuela tiene su propia fuerza; úsala para conectar con tus familias de forma honesta.
Abrir las puertas da miedo porque nos expone. Pero es en esa vulnerabilidad donde se construyen las relaciones de confianza que transforman vidas. En Nido Estudio, te ayudamos a crear esa estructura donde todos —maestros, familias y alumnos— puedan florecer.